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PRISMA

Fernando Zumbado

economista

Para combatir el pesimismo hoy le ofrezco en PRISMA un poco de demografía, contrarrestando ese sentimiento que algunos albergan con la creencia de que  todo pasado fue mejor. 

En Costa Rica, la esperanza de vida al nacer en 1900 era de 34.70 años. Cincuenta años más tarde llegaba a 55. 59 y hoy supera los 80 años, 82.89 para las mujeres y 80.28 para los hombres.

Normalmente se liga el aumento en el ingreso por habitante  al mejoramiento del indicador de esperanza de vida al nacer; sin embargo, Costa Rica ha sido una excepción  porque el aumento en este último ha superado el dato económico. 

Es notable, por ejemplo, como en un país  con apenas la sexta parte del ingreso por habitante de los Estados Unidos, su gente tenga al nacer la expectativa de una vida un tanto más larga.

No era así hace poco pero ya para 1998 casi se igualaba la esperanza de vida entre los dos países,  en los Estados Unidos alcanzaba los 76.8 años, y para entonces la de Costa Rica llegaba a 76.2 años.

Pero no siempre fue así. En 1950 estábamos en 54.18 años mientras que en los Estados Unidos alcanzaba los 68 años. 

Otro dato interesante es el de cuántos años más de vida tenemos, en promedio, después  de los 60, dato relevante para los fondos de pensiones. A principios del siglo pasado eran 12 años , en la actualidad ronda los 23 años, con salud y calidad de vida.

En un artículo  publicado el 30 de agosto pasado en la revista The New Yorker, titulado ¿Porqué los costarricenses  viven más tiempo que nosotros?,   el profesor de Harvard Atul Gawande subraya cómo la razón es la prioridad asignada a la salud pública,  -las medidas tomadas para mejorar la salud de la población  como un todo- esto como pieza central de los servicios médicos. 

Programas para dotar de agua potable a toda la población, campañas de vacunación, así como proyectos muy valiosos como los comedores escolares.

El impulso se da a partir de los años cincuenta y toma auge en los setentas. Recuerdo en la primera administración  de don Pepe Figueres, como mi padre repetía las palabras del presidente cuando éste promovía la creación de la Cooperativa Dos Pinos. Por un lado, decía, se crea una forma de organización productiva y por otro se ofrece un producto de consumo masivo, la leche, libre de bacterias al estar pasteurizado.

Luego aparece el sistema de salud pública, con un ministerio, sus áreas de salud y la Caja Costarricense del Seguro Social con su red de hospitales y Ebais. 

Hace poco estuve conversando en su oficina  con el director del área de salud que cubre La Guararí, en Heredia. Un sitio que comprende una urbanización  de interés  social y además un sector de precarios  en lo que llaman la Cuenca. 

Me sorprendió  positivamente  el grado de conocimiento  que tienen las autoridades de salud sobre la población que cubren. Ciudadanos, migrantes en situación legal e indocumentados. Y esta es una información  que se utiliza para atender mejor a la gente.

Y finalmente están  los ATAPS, asistentes médicos de atención primaria, formados en la Caja del Seguro Social para atender las comunidades, las familias y los individuos en un primer nivel de atención. 

No es extraño que en una apartada región indígena el funcionario de salud recorra montañas y cruce ríos para llegar a un sitio donde pueden habitar 4 familias. Son también una rica fuente de información  para el sistema de salud pública. 

En medio de la pandemia por el covid19, los ATAPS han desempeñado un papel importante en la vacunación. Desde esta primera línea de atención  hasta los programas de prevención, pasando por los Ebais y llegando hasta el hospital. 

Un dato me llamó especialmente la atención: desde que se crearon los EBAIS  las muertes por enfermedades infecto contagiosas han caído un 94% .

Precisamente, el artículo  del profesor de Harvard –que mencioné atrás- se nutre del conocimiento  del doctor Álvaro  Salas, ex presidente ejecutivo de la CCSS, quien lo acompañó en algunos de los recorridos que hiciera por el país. 

Importante mencionar que el Dr. Alvaro Salas ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de los EBAIS, entre otras cosas.

Me parece justo que se haga un recuento de las figuras claves que han hecho de nuestro sistema de salud algo tan digno de admiración y réplica, sobre todo que han contribuido al bienestar de familias y comunidades  y tras este recuento se les reconozca y se les dé el  homenaje  que merecen.

 ¿Acaso la ciudadanía de honor ?

Redacción

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