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PARTIDOS DE MESA Y FOTOGRAFÍA

Enrique Tovar,

periodista

El aspirante convoca a varios amigos, se sientan en torno a una mesa, el fotógrafo hace lo suyo, y de inmediato se anuncia urbi et orbi, el surgimiento de una agrupación política que habrá de acabar  con los problemas del país. Este escenario ha sido multiplicado en diversas naciones de América Latina.

También, a esas organizaciones emergentes o de garaje,  se les conoce como partidos golondrina, por su efímera presencia, o partidos crepusculares, porque surgen para disiparse casi que de inmediato.  En Costa Rica, lo han simplificado más. El aspirante se ve en el espejo, se palpa y no se siente, percibe  que los próceres de la Patria le susurran al oído, y asegura luego estar   destinado para ser un excelso gobernante. De modo que lo decide al instante y grita: “Abran campo que aquí voy yo”.

¿Qué razones sustentan quienes de la noche a la mañana se presentan como los que están dispuestos a inmolarse en aras de la Patria, sean de agrupaciones recientes o de  existencia más antigua?  Un versículo de la Biblia que interpretan está dirigido a su persona, un antepasado suyo que dio aportes al país,  considerarse el único honrado, tener las respuestas para resolver todos los problemas, atender peticiones de amigos y conocidos que le urgen lanzarse a la arena política, considerarse el más demócrata, estar bien ubicado y bien informado, haberse levantado de la nada y saberse hoy un profesional competente, haber vivido en el extranjero y conocer realidades de otras latitudes, apartarse del partido al que perteneció por  haber perdido la brújula,  proceder de una familia piso de tierra, creerse un popular e insobornable comunicador…

En fin, los motivos y justificaciones sobran y eso para ser bien pensados y no atender, como se les señala en redes sociales, de ser mezquinos  e ir tras un bocado de la deuda política.

Cabe decir que es común en nuestro medio encontrarse con personas que se  consideran superdotadas, algo que viene desde antaño. Omar Dengo escribió hace un siglo sobre lo que llamó “criadero de genios”,  pues  había quienes presumían que hasta con niños precoces  Costa Rica estaba contribuyendo “a la gloria del mundo”.

Todos se sienten capaces de salvar a la patria aunque sus problemas sean múltiples y mayúsculos, como, por ejemplo, el tener que afrontar en el año 2023 el pago de $4 mil millones por deudas (La Nación 30/11/20). Solo eso es suficiente  para que estén desvelados todos los pretendientes de la presidencia, sean de grupos de mesa y fotografía o  de más larga data.

En cuanto a esa “partiditis”,  hay que ver su  herencia.  En las elecciones de medio período de 1934 se inscribieron 191 (ciento noventa y un)  partidos políticos (Diario de Costa Rica, 12/1/34). Entonces no votaban mujeres ni negros y en el país había alrededor de 500 mil habitantes. Hoy somos diez veces más, y se apuntaron 27 aspirantes, cifra que da para formar cinco equipos de baloncesto o dos escuadras de fútbol.

En numerología, el 27 simboliza, entre otras cosas, tolerancia, buen corazón, inteligencia y trabajar en equipo para mejorar la humanidad. Seamos positivos, esperemos  que después de los comicios, el ganador y los 26 perdedores, laboren coordinados, con buena voluntad y patriotismo,  para sacar a Costa Rica del atascadero en que se encuentra.

Redacción

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