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Los humedales de Costa Rica y los desafíos pendientes para su conservación

De acuerdo con la Convención Ramsar, los humedales son aquellas extensiones de marismas, pantanos, turberas y aguas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluyendo extensiones de agua marina con profundidad, en mareas bajas, que no excedan los seis metros de profundidad.

Estos contemplan una amplia gama de ecosistemas acuáticos que incluyen ríos, lagos y lagunas, llanuras de inundación, bosques inundados, pantanos, estuarios, aguas costeras, someras, arrecifes, fanerógamas marinas, entre otros. 

Existen siete categorías generales en las que se dividen los humedales:

Estuarios: Cuerpos hídricos donde la desembocadura de un río se abre a un ecosistema marino, con una salinidad intermedia entre dulce y salada denominada salobre. resultante de la confluencia de aguas marinas y dulces. Los estuarios tropicales y subtropicales se caracterizan por la presencia de manglares en sus desembocaduras y de palmas de nipa en zonas de menor inundación.

Costas abiertas: Ecosistemas no sujetos a la influencia del agua de los ríos ni de los ecosistemas lacustres. Sustentan una diversidad de hábitats de humedales incluyendo marismas y manglares.

Llanuras de inundación: Entornos de inundación periódica que ocurre entre el canal de un río y la tierra elevada al borde de un valle, predominantemente en zonas costeras bajas que desembocan en deltas estuarinos. Estos desbordes fluviales también ocurren tierra adentro, cubriendo grandes pastizales pantanosos, bosques de inundación, lagos y otras depresiones.

Pantanos de agua dulce: Ocurren donde las aguas subterráneas, las nacientes superficiales, los ríos y las aguas de escorrentía producen inundaciones frecuentes o mantienen una cobertura de agua más o menos permanente. Se caracterizan por la presencia de aguas estancadas casi todo el año con asociaciones vegetales de junquillo (Phragmites), espadaña (Typha) y papiro (Cyperus papyrus).

Lagos: Cuerpos hídricos resultantes de diversos procesos geológicos como plegamientos, fallas o movimientos de la corteza terrestre, acción glacial o actividad volcánica, acción de los ríos o deslizamientos. Este tipo de humedal es una depresión topográfica encerrada natural o artificial donde se almacena agua – con superficies superiores a las 8 hectáreas-, y dependiendo de su profundidad y extensión son llamados lagos o lagunas.

Turberas: Áreas anegadas y esponjosas, con grandes acumulaciones de materia orgánica cubierta por una capa de vegetación pobre asociada a un grado de acidez de suelo. Pueden formar abundantes depósitos asociados con pantanos y ciénagas, particularmente en las márgenes de los lagos y regiones costeras. Por su capacidad de acumular carbono, se les considera importantes reguladores biogeoquímicos.

Bosques de inundación: Estos ecosistemas se subdivide en dos categorías: a) Bosque inundado por agua dulce: asociaciones vegetales de palmas -yolillo y cativo, orey y sangrillo. b) Bosque inundado por influencia de mareas: zonas de manglar asociadas a sistemas estuarinos. 

La importancia de los humedales radica en una serie de bienes y servicios ecosistémicos y socioproductivos que se resumen a continuación:

Recarga y descarga de acuíferos: la hidrodinámica de los humedales facilita el transporte de agua de los mismos hacia los acuíferos subterráneos. Estos funcionan como filtros purificadores del agua. En el acuífero se le puede extraer para el consumo humano, o puede correr lateralmente bajo tierra y alcanzar la superficie en otro humedal en forma de descarga de acuíferos.

La recarga también contribuye con el almacenamiento temporal del agua de inundaciones previniendo las mismas. El efecto de la descarga ocurre cuando el agua subterránea asciende y se transforma en agua superficial. Estos cuerpos de agua dependientes de descargas subterráneas, influyen directamente sobre el flujo de las corrientes.

Control de inundaciones: mediante el almacenamiento de las precipitaciones y la liberación uniforme de la escorrentía, los humedales amortiguan la embestida destructiva de las crecidas de los ríos. La conservación de los depósitos naturales puede evitar la costosa construcción de presas y embalses.

Estabilización de la línea costera/ control de la erosión: la vegetación presente en los humedales propicia la estabilización de la línea costera, reduciendo la energía de las olas, corrientes u otras fuerzas de erosión. Simultáneamente, las raíces de las plantas atrapan los sedimentos del fondo en su lugar, previendo tanto la erosión de valiosas tierras agrícolas o de habitación, como el daño a la propiedad.

Retención de sedimentos/sustancias tóxicas: los sedimentos suelen ser el mayor agente contaminante del agua en muchos sistemas hidrográficos, por lo que estos sistemas pueden servir de pozos para el depósito de los mismos. La presencia de vegetación y pasto disminuyen el caudal de un río, aumentando el asentamiento de sedimentos. Empero, la acumulación excesiva de sedimento puede alterar otras funciones del humedal: intercambio de aguas subterráneas y almacenamiento de aguas de inundación. Junto al sedimento se adhieren, a menudo, sustancias tóxicas como pesticidas y nitratos. La retención de estos sedimentos aguas arriba en los humedales, alargará el tiempo de los embalses y los canales río abajo y reducirá la necesidad de remover a elevados costos, el sedimento acumulado en diques, esclusas, centrales hidroeléctricas, etc.

Retención de nutrientes: sucede cuando nutrientes como fósforo y nitrógeno se acumulan en el subsuelo o se almacenan en la vegetación. Los humedales que remueven estos nutrientes mejoran la calidad del agua y ayudan a prevenir la eutrofización. Esto puede evitar la necesidad de construir sistemas de tratamiento de agua, ya que al acumular nutrientes aguas arriba, atenúan la eutrofización aguas abajo. Por ser importantes sumideros de nutrientes, en especial nitratos, estos sistemas contribuyen al proceso natural de desnitrificación al convertir en nitrógeno gaseoso los nitratos acumulados. Al descender el caudal de las aguas, acumulan nutrientes que alimentan la producción de peces y camarones así como el bosque, la vida silvestre y los productos agrícolas.

Exportación de biomasa: brindan sostén a densas poblaciones de peces, ganado o vida silvestre, que se alimentan de sus aguas ricas en nutrientes, de su sustrato o los pastizales aledaños. Estos nutrientes también benefician ecosistemas río abajo y en las costas que son transportados por las corrientes superficiales, los arroyos o por medio de la recarga de los acuíferos.

Protección contra tormentas/ Cortina rompevientos: los huracanes y otras tormentas costeras ocasionan daños como resultado de los fuertes vientos y las inundaciones.Muchos humedales, en particular los manglares y otros humedales costeros boscosos, ayudan a disipar la fuerza y a disminuir el daño que causan las tormentas costeras. Esto último ha llevado a varios países a tomar medidas orientadas a preservar estos ecosistemas.

Estabilización de microclimas: los ciclos hidrológicos, de nutrientes y de materia de flujos de energía de estos sistemas, pueden estabilizar las condiciones climáticas locales como precipitación y temperatura. Esto a su vez influye en las actividades agrícolas, en las sustentadas en recursos naturales y en la estabilidad de los ecosistemas naturales.

Vía fluvial de transporte: los ambientes de aguas abiertas sirven de medio de transporte de personas y bienes, y a menudo, son una alternativa conveniente a los medios de transporte por carretera, usualmente más onerosos. Ejemplo de ello son los canales de Tortuguero y los sistemas de canales del manglar Térraba-Sierpe que, dadas las condiciones prevalecientes, constituyen la principal vía de transporte.

Recreación/Turismo: la pesca deportiva, la observación de aves, de flora y fauna en general, natación, navegación y otros, son una fuente generadora de recursos económicos considerables que los humedales proporcionan. 

Recursos forestales: bienes como la leña, madera para la construcción, resinas, medicinas, entre otros, son algunos de los beneficios que aportan los humedales a las necesidades humanas.

Recursos de vida silvestre: además de ser una fuente de recreación exuberante, son fuente importante de nutrientes como carne, miel, huevos de tortuga y aves, entre otros. Dada la rica biodiversidad que estos entornos albergan, también constituyen importantes reservas genéticas.

Pesquerías: en los manglares de Sierpe en Costa Rica, los cinco millones de moluscos recolectados anualmente, representaban US$ 85 000 a las comunidades locales para el año 1992. Se estimaba que para el año 2008, la extracción de piangua en Sierpe pudo haber generado US$114 500 aproximadamente. Dos terceras partes de los peces que consumimos dependen de los humedales en alguna etapa de su ciclo de vida.

Recursos forrajeros: los humedales albergan extensas praderas y árboles donde pasta el ganado. Hojas, pastos y vainas representan las principales reservas alimenticias disponibles para el ganado en época seca.

Recursos agrícolas: desafortunadamente, muchos humedales han sido drenados para fines agrícolas, no obstante, este recurso se puede utilizar en dichas actividades sin necesariamente deteriorar el ecosistema. P.e. los cultivos de arroz en África Occidental dependen del ciclo de inundaciones de las planicies. Varias poblaciones han aprendido a sincronizar sus cultivos con el régimen de lluvias.

Abastecimiento de agua: estos sistemas hídricos son a menudo fuente de agua para consumo humano directo, agricultura, cría de animales y abastecimiento industrial. Así mismo, la recarga de pozos de abastecimiento de agua depende del suministro aportado por los humedales.

Fuentes de energía: algunos humedales contienen un potencial de energía para uso humano, usualmente en forma de materia vegetal o turba. Los manglares, por ejemplo, proporcionan hábitats protegidos y ricos en nutrientes que los peces utilizan como áreas de desove, criaderos o hábitat para peces adultos. El uso sostenible de este recurso representa un componente importante en el plan de manejo de un humedal. Por contraste, la extracción desmedida de la turba puede destruir el ecosistema.

Diversidad biológica: estos ecosistemas son refugio de una alta diversidad de flora y fauna, sitio de tránsito de aves y mamíferos, albergue de poblaciones de reptiles y anfibios y una alta variedad de peces que en su conjunto ilustran la diversidad de comunidades bióticas presentes. 

Los humedales costarricenses

Con aproximadamente 350 humedales que cubren el 7% del territorio nacional, Costa Rica es un país rico en la abundancia de estos cuerpos hídricos.

Doce de estos ecosistemas han sido consignados como sitios Ramsar de importancia internacional en nuestro país hasta la fecha. La Convención homónima es un tratado internacional del que nuestro país es signatario desde abril de 1991, y cuyo eje se enfoca en la conservación y uso racional de los humedales.  

Los doce humedales elevados a la categoría RAMSAR en nuestro país, fueron así categorizados por ser considerados sitios representativos, particulares por el tipo de humedal que representan, o bien, por las funciones ecosistémicas que brindan en beneficio de la biodiversidad que alberga y protege. Estos son:

Parque Nacional Palo Verde: Sitio Ramsar desde 1991. Con una superficie de 24.519 hectáreas (ha), este humedal es uno de los sitios más importantes del mundo para la anidación, refugio y alimentación de aves acuáticas residentes y migratorias.

Refugio Nacional de Vida Silvestre Caño Negro: Sitio Ramsar desde 1991. De clima tropical húmedo, y con una superficie de 9.969 ha., esta área silvestre protegida alberga una diversidad ecológica que la convierte en refugio y fuente de alimentación para una gran variedad de especies, entre ellas las aves migratorias provenientes del norte del continente.

Tamarindo: Sitio Ramsar desde 1993. Este humedal de 500 ha  de superficie protege playas de gran belleza escénica, así como el estero Tamarindo que alberga una población importante de aves y cocodrilos.

Humedal Nacional Térraba Sierpe: Asentado en la desembocadura de los ríos Térraba y Sierpe en el Valle del Diquis, el humedal Térraba Sierpe es Sitio Ramsar desde 1995. Con una superficie de 32.325 ha. de las cuáles 15.490 ha. corresponden al área de manglar más grande del país. este humedal alberga y protege una amplia gama de ecosistemas palustres, lacustres y costero-marinos con sus comunidades bióticas respectivas. Reviste de importancia arqueológica al ser un sitio habitado por indígenas 300 años a. C, cuyos vestigios se evidencian con la presencia de esferas talladas en piedra.

Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca-Manzanillo: Declarado Sitio Ramsar desde 1995. Con 9.445 ha de superficie, este humedal costero alberga y protege arrecifes coralinos, lagunas costeras, bosques anegados y playas de arena blanca, junto con las poblaciones de peces y moluscos asociadas. Representa una de las áreas más importantes para el desove de la tortuga baula (Dermochelys coriacea) y carey (Eretmochelys imbricata) en el Caribe sur costarricense.

Humedal Caribe Noreste: Sitio Ramsar desde 1996. Con una superficie de 75.310 ha, está constituido por el Parque Nacional Tortuguero, el Refugio Nacional de Vida Silvestre Barra del Colorado y el corredor fronterizo conformado por ambas zonas protegidas que en su conjunto albergan y protegen numerosas especies de flora y fauna, ecosistemas de bosques anegados y una compleja red de canales. Representa el principal sitio de anidación de la tortuga verde (Chelonia mydas) así como zona de reproducción y alimentación del manatí (Trichechus manatus).

Parque Nacional Isla del Coco: DesignadoSitio Ramsar en 1998. Se le considera un ecosistema insular único que alberga poblaciones de aves marinas migratorias. Así mismo, es importante santuario de poblaciones de tiburones en peligro de extinción.

Manglar de Potrero Grande: declarado sitio Ramsar en 1999. Este humedal con una superficie de 139 ha. alberga el manglar más desarrollado e intacto de la costa del Pacífico, colindante con un bosque tropical seco en estado primario. Alberga ricos viveros de moluscos.

Laguna Repingue: Sitio Ramsar desde 1999. Este humedal  de 75 ha. constituye la única laguna costera de agua dulce de la costa pacífica costarricense. Alberga plantas acuáticas propias de la zona, así como una variada fauna.

Cuenca Embalse Arenal: Sitio Ramsar desde el año 2000. Sus 67.296 ha de superficie albergan  una variada y abundante flora y fauna: 884 especies de plantas, aves, insectos, peces, mamíferos, reptiles y anfibios. El proyecto hidroeléctrico asentado en su embalse genera el 70% de la energía del país y constituye el distrito de riego Arenal Tempisque en Guanacaste.

Turberas de Talamanca: Sitio Ramsar desde 2003. Con una extensión de 192.520 ha ubicada en la cordillera de Talamanca, está constituido por el Parque Nacional Chirripó, el Cerro de la Muerte, la Reserva Forestal Los Santos y el Parque Nacional Tapantí-Macizo de la Muerte. Al albergar una variedad de ambientes y ecosistemas, este humedal se caracteriza por presentar un gran número de asociaciones vegetales, como las turberas y los páramos, típicos de los ambientes andinos.

Humedal Maquenque: Designado sitio Ramsar en 2010, este humedal constituye el más nuevo de todos los caracterizados bajo esta convención. Con una extensión de 59.692 ha, este humedal forma parte de un bosque muy húmedo tropical y de un sistema hidrológico caracterizado por la presencia de tres grandes ríos: San Juan, San Carlos y Sarapiquí, los cuales delimitan las dos áreas protegidas que integran el Humedal Maquenque: el Refugio Nacional de Vida Silvestre Mixto Maquenque y la franja intermedia del Refugio Nacional de Vida Silvestre Corredor Biológico Fronterizo.

Afectaciones de los humedales costarricenses: hacia la armonización entre el desarrollo sostenible y el crecimiento económico

La percepción generalizada -y aún no superada- de la que han sido objeto estos ecosistemas, a menudo considerados “sitios insalubres y de poco interés económico”, ha propiciado prácticas orientadas a su conversión a pesar de los esfuerzos dirigidos a revertir los procesos de deteriorio de estos entornos.

Algunas alteraciones puntuales, ilustran la afectación gradual de estos cuerpos hídricos en nuestro país, así como nuestro desafío pendiente en armonizar nuestros modelos socioproductivos con los compromisos adquiridos en materia ambiental:

·        El país ha sufrido la remoción de aproximadamente el 70% de la superficie de sus manglares.

·        El Golfo de Nicoya perdió, entre 1964 y 1989, 1096 ha de manglares convertidas en camaroneras y salineras, así como por la expansión agrícola y urbana. Esto representa una pérdida de 7% de la superficie de manglar en un lapso de 25 años.

·        La expansión del modelo agroexportador, ha suscitado la desaparición de 16.400 hectáreas de humedales para su conversión en monocultivos predominantemente en las tierras bajas de las regiones huetar norte y huetar atlántica respectivamente. Dicha práctica se ha suscitado a menudo de forma clandestina y/o desregulada, lo que refleja una respuesta institucional insuficiente ante estos graves daños ambientales y ecosistémicos.

·        La contaminación por material sedimentable y sustancias químicas en los arrecifes coralinos del Caribe y el Pacífico Sur asociados con el aporte de plaguicidas, combustibles y descargas de aguas residuales.

·        El Humedal Nacional Térraba-Sierpe (sitio RAMSAR) ha venido siendo objeto de afectaciones antrópicas. Hacia el interior del humedal, aproximadamente 75% de su área se ha venido transformando desde hace más de seis décadas de bosques primarios a campos agrícolas. Las actividades económicas casi exclusivamente extractivas y sin regulación que se llevan a cabo dentro del mismo, amenazan la sustentabilidad de sus recursos, bienes y servicios.

·        Los humedales RAMSAR de Palo Verde y Caño Negro, han visto su integridad ecológica severamente vulneradas. Caño Negro se ha visto afectado por la expansión agropecuaria en sus alrededores, con la consecuente pérdida de superficie protegida, mientras que las afectaciones ecológicas de las que el humedal de Palo Verde ha sido objeto, propició su ingreso en el “Registro de Montreaux” para valorar su exclusión de la lista de humedales Ramsar, debido a la insuficiencia de acciones concretas para el rescate de dicho ecosistema, a pesar de los compromisos adquiridos en la protección de los mismos.

·        Los humedales son subunidades geográficas integradas a las cuencas de las que forman parte. Consecuentemente, estos cuerpos hídricos son susceptibles a las dinámicas socioproductivas que en ellas acontecen. Las fuertes transformaciones en el uso del suelo que en las cuencas hidrográficas se suscitan, con la sedimentación excesiva y el elevado aporte de agroquímicos como efectos asociados, agravan los impactos de nuestros humedales y sus ecosistemas constitutivos más allá de su área de amortiguamiento y perímetro de protección inmediato. Lo anterior refleja nuestros rezagos en materia de ordenamiento territorial armónico y sostenible.

A los elementos antes citados, debemos añadir el retroceso en materia de asignación de fondos, de personal y de vigilancia en la salvaguarda de estos ecosistemas ocasionados por las recientes reformas presupuestarias con sus respectivos recortes en materia ambiental, lo que compromete más aún la permanencia e integridad de nuestros humedales en el largo plazo. Lo anterior evidencia que en el orden de prioridades político económicas de los principales tomadores de decisiones, las salvaguardas ambientales no revisten la importancia que nuestra “marca país” sugiere.

Este retroceso genera una mayor urgencia en la elaboración de estrategias y articulación de esfuerzos inter y extra institucionales y comunitarios que puedan responder al desafío de armonizar la transformación sustentable de nuestro modelo socioeconómico y productivo con la conservación de los bienes y servicios que proporcionan los humedales a nuestra sociedad, a las comunidades bióticas que albergan y al planeta como un todo.

Redacción

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