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Las ventanas rotas

Fernando Zumbado,

Exministro de Vivienda

En estos días he vuelto a visitar algunos de los asentamientos más poblados de la Gran Área Metropolitana, donde aun hay bastantes familias que viven en precario. Es obvia la tarea que aùn está pendiente para mejorar la calidad de vida en esas comunidades. 

Una de las lecciones aprendidas en la intervención en estas barriadas  es la conveniencia de atender en sitio las necesidades de vivienda de las familias, para evitar el desarraigo. No siempre es posible por las condiciones de algunos de los terrenos que han sido invadidos, pero el primer intento debe ser propiciar el mejoramiento en el mismo lugar si las condiciones así lo permiten.

Una situación  común es la invasión  de las áreas de protección  de los proyectos, alrededor por ejemplo de una cuenca, en las laderas.  Por esta razón  una vez concluida una urbanización  debe de velarse por evitar este fenómeno, responsabilidad que recae en el municipio. 

El mejoramiento de estos barrios no es tarea exclusiva de las autoridades de vivienda, la labor debe comprometer  a varias instituciones del estado. 

Para la recuperación de estas barriadas es clave la inversión de las diversas entidades públicas.

Un tipo de edificación que inmediatamente llama la atención es el EBAIS.  Edificios bien construidos, pintados de manera llamativa y en perfecta condición. Desgraciadamente este  no es el caso de todas las escuelas cuyo mantenimiento deja mucho que desear.

En 1982 James Wilson  y George Kelling, criminólogos, publican un artículo titulado “Las ventanas rotas”, como una metáfora del hecho de que el delito es mayor  en zonas descuidadas, sucias, en malas condiciones en general. Esto ha dado lugar a una teoría que se le conoce precisamente como la teoría de las ventanas rotas.

Si en un edificio aparece una ventana rota y no se repara rápido, pronto las demás ventanas serán destruidas señalaban en el artículo los autores. El descuido, la dejazón envían el mensaje de que esto es tierra de nadie, aquí no hay nadie que cuide esto.

No sorprende por lo tanto la inseguridad que estas situaciones provocan en muchas de nuestras barriadas. La condición de los espacios públicos no es un lujo, es una necesidad; la condición de la infraestructura, calles, aceras y alcantarillado sanitario dan una clara señal de que esto pertenece a una comunidad respetada por el Estado, lo que constituye un aliciente para que esta misma  comunidad cuide y sea participe del mantenimiento del orden y la disciplina social. 

El mejoramiento de los barrios debe de asumirse como una tarea fundamental para el estado, con la participación activa de la comunidad y la sociedad civil. Va mucho más allá de la dotación de vivienda.  

Redacción

1 comment

  • Algo parecido ocurre con la basura, la violencia, entre otras y no solo en los barrios marginales. Si cuidamos y embellemos nuestras comunidades podemos progresar. Es trabajo de todos. Así, pasamos a una comunidad de ventanas rotas a una de ventanas abiertas!!

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