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El valor de la música

Fernando Zumbado,

economista

En mis años colegiales participé activamente en los equipos de fútbol y de basquetbol,  toqué  durante los cinco de secundaria en la banda trompeta y saxofón, y estuve en varios coros de la iglesia.

Hoy, a la distancia, veo esas experiencias como parte integral de la formación y  el enriquecimiento de la experiencia educativa.

En lo personal considero que tanto el deporte como la música promueven el esfuerzo, la dedicación  y en buena medida el trabajo en equipo.

La educación  musical -desde la niñez- cumple un importante papel en el desarrollo afectivo. ¿Cuántos recordamos la canción de nuestra madre a la hora de acostarnos? Yo recuerdo, además,  lo que silbaba el abuelo mientras caminábamos…

El famoso escritor William Styron, quien se hundía en una profunda depresión,  decidió, según se narra, suicidarse. Una noche se dirigió a su oficina  en busca de un revólver, y es en ese momento cuando escucha, por la radio, la canción  que le cantara a menudo  su madre, quien era una soprano profesional. 

Esa señal le hace recapacitar al instante; sube a su habitación y le pide a su esposa que le lleve de emergencia al hospital. Esa memoria le rescató y le dio la oportunidad de salir del hueco en que se encontraba en aquellos momentos.

Y es que la música se diferencia de otros medios, como la lectura, por  penetrar directamente a los sentimientos, sin que pase por el filtro del cerebro.

El tema viene a mi mente en estos momentos cuando se plantean cambios en el sistema nacional de educación  musical, el SINEM, creado en el 2007. Su objetivo  es promover la educación  musical en todo el país,  y no solo en el Valle Central. 

Según me informan, hoy tiene alrededor de 240 profesores y alrededor de 4.000 alumnos. Más de 23 sedes, programas para personas con discapacidad cognitiva, programas de orquesta, incluyendo la Orquesta por la vida del Hospital de Niños.

Las sedes van desde Pavas, la León XIII, a San Vito, Nicoya, a lo largo del país. 

Cabe esperar que este tipo de programa se refuerce y no se debilite, que se tenga presente hoy más que nunca la frase de don Pepe, “para que tractores sin violines”.

Nuestros jóvenes necesitan más facilidades  para el deporte y más oportunidades para gozar de los beneficios de la música. 

Lo que se haga en esa dirección es una inversión, no un lujo.

Redacción

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