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El peligro del populismo

Fernando Zumbado,

economista

El terreno donde se juegan las elecciones  ha cambiado mucho en las últimas tres décadas. 

Hace 30 años la pirámide poblacional mostraba el peso mayor en los menores de 35 años. Hoy, dos segmentos tienen casi el mismo peso, uno entre los menores de 35 y el otro entre aquellos de 50 en adelante. Pareciera que en este último rango de edades la abstención es más baja que en el segmento más joven.

Otro aspecto de interés es que existe cierta correlación entre la igualdad y la abstención, lo cual es una señal de alerta para nuestro sistema democrático, ya que la gente se excluye no sólo desde el punto de vista económico, sino del político.

Obviamente los intereses y las preocupaciones entre estos dos grupos son diferentes. Por esta razón es un desafío para las campañas es cómo llegar a grupos de población  con esas diferencias.

Los mayores se preocupan sobre todo por la seguridad y tienen valores más tradicionales, mientras que  los más jóvenes por el ambiente y los derechos humanos, entendidos en su sentido más amplio.

El empleo aparece como una preocupación común por diferentes razones. Una persona de 54 años que pierde su trabajo sabe de las dificultades que enfrenta en conectarse de nuevo en el mercado laboral. Los jóvenes enfrentan tasas de desempleo muy elevadas, situación que afecta más a las mujeres -por cierto- por lo que esta situación aparece como una de sus  principales preocupaciones.

En estos 30 años otro elemento que ha sido ampliamente comprobado es la poca afiliación partidaria, donde el 70 % de la gente no simpatiza actualmente con ningún partido, cuando en el pasado cerca del 80% mostraba simpatías partidarias.

Otro desafío para las estrategias de campaña se centra en cómo llegar a parte de ese segmento que se declara sin afiliación política, y en este grupo pesa más la población más joven, como es de esperar. 

Otras de las características de las elecciones más recientes es el momento en que el votante toma su decisión, con un porcentaje importante que lo hace casi en “tiempos extra”, en las últimas semanas y hasta en los últimos días. 

El Estado de la Nación estableció  un panel con el fin de dar seguimiento a un grupo representativo de personas, lo que permitió evaluar los cambios a lo largo de unos pocos meses antes de la elección.  

Lo que ha llamado la atención  es lo volátil de la conducta, dándose a lo largo del proceso cambios de opinión, un mes a favor del candidato, el siguiente moviéndose a la casilla de los indecisos, un momento a favor de un candidato de izquierda para luego apoyar a otro liberal, y así por el estilo.

Por otra parte, y ya en el plano de gobierno, al estar de nuevo ante una Asamblea Legislativa multipartidista, el desafío  de la próxima administración será  la formación de coaliciones para sacar adelante sus programas prioritarios. 

Habrá  que hacerle frente a la situación fiscal, hacer las reformas del Estado encaminadas a una mayor eficiencia, en el clima multipartidista la capacidad y la aptitud negociadora se convierten en un atributo esencial del nuevo presidente y su equipo, junto a la claridad de propósitos y propuestas.

Todo en el marco del respeto por las instituciones claves para la democracia, lejos de poses populistas, tan frecuentes en nuestra América Latina por estos tiempos y que sabemos conducen al despeñadero.

Redacción

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