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Tres pandemias

Fernando Zumbado,

economista

A mi generación le ha tocado vivir tres pandemias: primero la poliomielitis, luego el Sida, hoy una enfermedad crónica, y el covid-19.  

Estas dos últimas muestran la importancia  de la prevención y el covid el alivio que genera la vacunación. 

La epidemia de poliomielitis se desató  en los Estados Unidos y el Caribe. En esa época, entre 1953 y 1954, existía pánico en nuestro pequeño país, de apenas 800.000 habitantes.

Cerca de 50 mil niños nos vimos afectados en Costa Rica por la poliomielitis; murieron 152 y más de 1000 sufrieron secuelas ocasionadas por la parálisis.

En aquel entonces le tocó lidiar con la crisis sanitaria al personal del Hospital San Juan de Dios, completamente saturado.

Es entonces cuando el Dr. Carlos Saenz Herrera hace un llamado para proceder a la construcción de un hospital de niños, el que hoy merecidamente lleva su nombre.

La idea se materializó 10 años más tarde en el gobierno  de don Chico Orlich.

La poliomielitis prácticamente  ha desaparecido del continente americano, gracias a una vacunación  generalizada; y parece mentira que ante este tipo de evidencia persisten los prejuicios y la ignorancia de los antivacunas.

En mi caso la vacuna llegó un año muy tarde. El virus me pescó a los 8 años, una enfermedad que me paralizó  completamente y de la que conservo algunos vagos recuerdos.

Otro recuerdo que no puedo olvidar es que atendieron en mi casa, mi padre y mi madre, durante prácticamente las 24 horas del día.

Recuerdo asimismo conversaciones alrededor de la preocupación  de si sería necesario  llevarme al hospital y algo que escuchaba vagamente del uso de un pulmón  de acero, que afortunadamente no fue necesario. 

Tampoco olvidaré aquel 25 de diciembre, día en el que amanecí haciendo el primer movimiento tras mi parálisis: el dedo meñique de la mano derecha. 

¡Buen presagio!  Mi abuelita lo tomó  como una señal de Dios de que Fernandito se iba a curar y mandó a mi tata, ese 25 de diciembre , a comprarme una bicicleta. 

Al rato volvió  con una Raleigh negra número 28, la que colocaron frente a mi cama como aliciente. Y esa bicicleta me acompañó  en mis aventuras hasta los 18 años.

Personajes notables fuera de la familia, los médicos  en su dedicación y mi maestra en la Buenaventura Corrales,  la niña María de los Ángeles,  quien venía en bus a dejarme el material para que no perdiera el año, y lo logramos.

Hoy me toma el covid-19  ya vacunado, con síntomas leves y ayer 12 de octubre terminó la cuarentena, un día antes de mi cumpleaños.

Con un sistema de salud fortalecido, y con la persistencia de grupos marginales que reniegan del valor de la ciencia. 

Redacción

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