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DEL PERIODISMO Y SUS EFECTOS SOCIALES

Heriberto Valverde

Periodista y académico


He visto con beneplácito que en la redes sociales se está dando una reacción ante lo que viene sucediendo con el periodismo en el país, con los medios de comunicación y entre ellos las mismas redes sociales; y que ha subido de tono sobre todo con el llamado “periodismo deportivo” que tiene poco de periodismo y menos de deportivo, principalmente a raíz de los últimos acontecimientos relacionados con la Selección Nacional de fútbol masculino mayor.

La tendencia, se dice, es la misma, generar pesimismo a partir del análisis prejuicioso y prejuiciado de una realidad que efectivamente, en muchas de sus aristas, se presta para ello.

Pareciera que la consigna es “parece que estamos mal pero en realidad estamos peor” o “estamos mal pero inexorablemente estaremos peor”. Y terminar enjuagando sus conciencias con un “Ojalá me equivoque’. Ojalá no sea así”

Así  las cosas, la preocupación principal que señalé al principio apunta sobre todo a la manera en que,  en general, el periodismo y los generadores de opinión deforman las cosas, las acciones, las palabras, y las retuercen para hacerlas coincidir con sus concepciones, sus prejuicios, sus profecías, sus evangelios, sus intereses.

Igual en la política,  en la economía, en el deporte, en la cultura, en todo  hasta en la ciencia.

Hace unos días se dio aquí en fb una corta pero rica polémica sobre esa tendencia periodística actual de llevar de antemano (prestablecida) la tesis a la que se quiere llegar, ya no en una entrevista, sino incluso en una información de un hecho de un día cualquiera.

En la Escuela de Periodismo se nos enseñó (se nos advirtió, se nos sentenció) que el periodista debe ser estudioso, debe prepararse debidamente para cubrir una fuente informativa y sobre todo para una entrevista. Y CON ESA FUERZA QUE DA EL SABER, DEBE IR CON MENTE ABIERTA A ENFRENTAR OTRAS VERDADES, SIN CEDER EN SUS PRINCIPIOS PERO CON APERTURA A OTRAS INFORMACIONES, TEORÍAS Y POSICIONES, PARA QUE FINALMENTE SEA EL LECTOR, EL RADIOESCUCHA O EL TELEVIDENTE QUIEN CONSTRUYA SU PROPIA VERDAD Y DERIVE DE ELLA SUS DECISIONES Y ACCIONES.

Pero esto parece ser cosa del pasado, para desgracia de todos.

Otro problema que enfrenta nuestro periodismo es la personalización de los problemas. Fácilmente se cae en el señalamiento de las personas como una vía más fácil que la valoración, el análisis, el examen de los hechos integralmente.

Así entonces se pasa a lo emotivo, al me la debe, al me cae mal o al pertenece al partido o al equipo contrario y de esa forma se evita el estudio riguroso de causas, de elementos incidentes, de consecuencias, de referentes, de globalidad, todo lo cual exige seriedad, preparación, investigación, en fin trabajo; y se busca en cambio el camino fácil, el de la emoción, el del choteo, el de la bajada de piso, con lo cual además se aseguran un público, unos patrocinadores, el éxito y hasta la fama.

En el caso del “periodismo deportivo” esto es patético. Las docenas de programas radiofónicos, las decenas de programas televisivos y en plataformas digitales,  dirigidos o conducidos por toda clase de gente, desde profesionales preparados, serios, responsables, hasta personajes sin ningún sentido de la responsabilidad que se dan el lujo de calificar, juzgar y condenar a dirigentes, técnicos, jugadores o que le facilitan micrófonos a cualquier hijo de vecino para que juegue con la honra de las personas.

Lo irónico y triste de todo esto es que estos oscuros personajes exigen calidad a todos aquellos a quienes convierten en menú de sus comilonas. Se mofan de un jugador que erra un gol y hacen escarnio del técnico que acumula dos derrotas, pero nunca, jamás, vuelven su mirada de examen a sus propios lares donde seguramente encontrarían mediocridad, oportunismo y prepotencia.

“Le falta autocrítica” le gritan al jugador Randall Leal que se atrevió a ignorarlos públicamente, lo cual los tiene rabiosos.
Y yo me pregunto, ¿sabrán qué  es eso?, ¿someterán alguna vez a evaluación sus quehaceres “periodísticos”?

Concluyo por ahora donde empecé. Esperemos que esta reacción popular contra el periodismo irresponsable, primero que nada genere la consolidación de un público (nosotros) más riguroso, más selectivo, y sus ondas logren entrar a ese mundo amurallado al que me he referido y produzcan el milagro de la revisión, de la autocrítica, de la enmienda; y un milagro aun mayor, que las empresas y hasta instituciones estatales que los patrocinan sometan también a evaluación sus presupuestos invertidos allí; todo, para bien del país.

Redacción

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