24CR

¡Comenzó el carnaval!

Jacques Sagot,

pianista y escritor 

 Costa Rica ya entró, “oficialmente”, en período de campaña electoral, aun cuando ya desde hace meses hay candidatos -y candidotes- que andan aporreando sus bombos, platillos y soplando en sus horrísonas trompetas.   Para este proceso, tenemos 27 postulantes a la presidencia de la república.  Superamos el récord de 23 en 1930, y el de 18 en 2006.  Este fenómeno puede explicarse mediante alguna (o varias, quizás todas) las siguientes razones.

 Una concepción ya completamente carnavalesca del sufragio.  La democracia como festejo popular, como chanfaina, como desvergonzada, asumida y desinhibida francachela política: ¡que viva la pepa!  La “tropicalización” de la política.  De nuevo, una experiencia carnavalesca al mejor estilo de Bajtín.  A fin de cuentas, al costarricense le importa un bledo quien sea electo: no cree en nadie, y ya ha hecho del nihilismo político su actitud general ante el sufragio.  Lo que quiere es divertirse, punto.

 Un miedo larval, paranoide, a la excesiva concentración del poder en unas pocas manos.  Es un miedo comprensible: ahí tenemos al norte a Nicaragua, al sudeste a Venezuela, y el caso de El Salvador, donde Bukele, un pichón, un aguilucho de dictador, se perfila como un déspota en ciernes.  Costa Rica siempre le ha tenido miedo al continuismo político: desde 1936 ningún partido político ha logrado ganar las elecciones tres veces seguidas.

Costa Rica formula tácitamente, con esta atomización de la voluntad política, su deseo de que los candidatos realicen alianzas, que se unan, que encuentre puntos en común por los que puedan luchar de consuno.  Costa Rica quiere sinergia, y no dispersión política, a pesar de que esos 27 candidatos pareciesen sugerir tal cosa.

        La farándula, la pasarela, la telebasura y la prensa bazofia han terminado por impregnar también el ámbito de la política, de modo tal que cualquier pelele que goce de un poquito de presencia mediática se cree por ello calificado para aspirar a la presidencia de la república.  Es una aberración mediático-política, una patología social.

 El costarricense cree, erróneamente, que aumentando la cuota de las opciones políticas tendrá más chances de acertar.  Es una apuesta inconsciente al cálculo de probabilidades: entre 27 candidatos, es más fácil que haya cinco adecuados, que uno entre solo 3 postulantes.  Si disparo a ciegas 27 veces hacia el cielo es más probable que abata a un pájaro que si lo hago 3 veces.

 Se trata de un proceso de mitosis política: los grandes partidos tradicionales se han fracturado, y sus nuevas mitades a su vez se han escindido, y cada unidad ha repetido el proceso de división, de modo que estamos en presencia de una especie de cáncer metastásico político de rápido progreso.

 Es tan simple como esto: no hay, al día de hoy, en Costa Rica, un líder, una personalidad lo suficientemente fuerte y carismática como para captar y entusiasmar a un buen porcentaje de los votantes.  O, lo que sería mucho más grave, Costa Rica ya no se deja entusiasmar, ya no quiere entusiasmarse, ya perdió la capacidad de entusiasmarse, a punta de baldazos de agua fría en anteriores administraciones. 

Nos hemos de-sensibilizado a la política, esta ha dejado de ser una de nuestras preocupaciones fundamentales.  Acaso Costa Rica esté ya políticamente muerta, y esta proliferación partidista es el signo de un país al que le da lo mismo que X, Y o Z sea presidente.  La multiplicación de las opciones no es un indicio de salud cívica, sino todo lo contrario: de un escepticismo y un desencanto político absoluto.  Entzauberung das Politik -podríamos llamar este proceso, parafraseando a Max Weber-.

 La inepcia y deshonestidad de los dos últimos “presidentes” manufacturados por el PAC han generado la ilusión de que cualquier papanatas puede con absoluta legitimidad y chances de triunfo, postularse como mandatario de Costa Rica.  Ambos llegaron al poder envueltos en la bandera de la ética, ambos salieron de la Casa Presidencial oliendo a orinal y retrete público.  El costarricense colige de esto: “si ellos pudieron, ¿por qué no habría de poder yo?

Tal inflación partidaria se traducirá en una Asamblea Legislativa completamente heterogénea y pulverizada.  Esto forzará a los diputados a practicar, como nunca, ese ejercicio político complejo y delicado que llamamos “negociación”.  El costarricense apuesta menos al hombre providencial, al hombre mesiánico, y parece poner su fe en la fuerza de los consensos, del trabajo sinérgico, en el compromise, en ver a unos ceder en ciertos puntos, y ganar en otros.  La Asamblea Legislativa, primer poder de la república, tendrá que funcionar como un macro-cerebro, con multitud de integraciones e intercambios sinápticos neuronales.  Esto reducirá la posibilidad de los errores, y expondrá más fácilmente a los rufianes y los corruptos (nadie tendrá suficiente cobija como para ocultarse, en caso de que cometa alguna gollería).

Yo me limito a ver este aquelarre, esta ronda de Sabbat, esta elección de Walpurgis, y me digo, como Víctor Hugo en Les chants du crépuscule“De quelnom te nommer, heuretroubleoùnoussommes?”(“¿Con qué nombre nombrarte, hora turbia en la que somos?”

Redacción

Agregar comentario

GRUPO TPP

© Todos los derechos reservados 2021, cualquier uso requiere autorización de Grupo TPP.