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Afectación laboral con la pandemia

Fernando Zumbado,

economista

El Estado de la Nación es un documento de lectura obligatoria, sobre todo  para quienes tienen la responsabilidad de definir las políticas públicas. 

El informe recién  publicado por ese grupo de estudio hace la valorización del impacto de la pandemia sobre diversos aspectos de la vida nacional.

Me llamó la atención  el capítulo referido a la equidad y la integración social, donde se identifican las poblaciones que han sido más afectadas por la pandemia  y donde asimismo se señala un camino para definir prioridades  en la atención  a estos sectores de la población. 

Para la realización de este análisis se utilizaron tres fuentes de información.  La primera  es la Encuesta  Nacional de Hogares, que incluyó  una sección sobre el Covid a julio de este año, además de la información derivada de un panel que ha permitido dar seguimiento a un grupo de hogares por dos años. Por medio de esta fuente se logró identificar el perfil de las familias que cayeron en pobreza en el 2020.

La plataforma del Bono Proteger constituye una segunda fuente de información.  Sin enfocarse en las personas  cubiertas por el subsidio, la información que se recaba identifica los perfiles de la población que se inscribió en el programa, con miras a reconocer los grupos de mayor vulnerabilidad, sus características,  incluyendo la dimensión territorial.

Programas sociales  de esa naturaleza demandan para su éxito mecanismos eficaces de definición de la población a ser beneficiada.

El registro de llamadas al sistema de emergencias 9-1-1 constituye la tercera fuente de información, con el propósito de indagar sobre posibles cambios en los patrones de violencia contra mujeres, niños y niñas producto del confinamiento.

Antes de la pandemia ya se había determinado que durante los fines de semana y días festivos los reportes de incidentes de violencia intrafamiliar aumentaban. Por esta razón es de interés conocer si con el confinamiento  esta situación  empeoraría. 

Por otra parte, antes de la crisis sanitaria el país ya venía mostrando debilidades, con un evidente crecimiento  raquítico y un desempleo elevado.

La pandemia -como era de esperar- agravó la situación y las oportunidades laborales se vieron seriamente disminuidas. Como consecuencia, los niveles de pobreza aumentaron.

La reducción  de los ingresos laborales afectó  al 35 % de las familias en extrema pobreza, al 18% de aquellas en pobreza no extrema y al 8% de quienes están por arriba de la línea de pobreza.

El impacto  en el territorio, según establece el estudio,  es desigual, siendo las regiones Huetar Norte y el Caribe, así como Guanacaste, las más afectadas, sobre todo por el efecto de la caída del turismo. En esas comunidades los hogares más pobres han sido los más afectados. 

Se verifica que las personas más afectadas han sido las que tienen baja escolaridad, quienes están en el sector informal  y aquellas vinculadas a las pequeñas empresas de comercio.

En contraste, los programas diseñados para la superación  de la pobreza no han cubierto la crisis de algunos sectores, al no estar contemplados como población objetivo, y la gravedad de esta situación  resalta cuando se verifica que la mitad de los hogares que cayeron en la pobreza  eran precisamente de ingresos medios.

De este capítulo se deriva información  valiosa para orientar los programas de apoyo a la población más vulnerable en el terreno de los programas sociales. Adonde debemos poner más atención en el territorio, cómo aumentar las oportunidades  para las personas con baja escolaridad y en el sector informal. 

La brecha se ha venido ensanchando en el país y la desigualdad  demanda  que tratemos esta realidad con  sentido  de urgencia. 

Redacción

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